martes, 12 de febrero de 2013
La tecnología
La tecnología en el siglo XXI es la herramienta que por excelencia permite recrear los aprendizajes, así como almacenar, condensar y dinamizar el conocimiento. La relación entre ciencia y la tecnología ha facilitado en escenarios educativos, sociales y laborales; explicar, controlar y transformar el mundo, por ello, representa para las personas y organizaciones la posibilidad de perdurar en el tiempo logrando crear un valor dentro y fuera de ella, así como en sus grupos de interés.
Para entender la tecnología como un potenciador de la responsabilidad social y su contribución en los procesos de gestión, planeación y desarrollo, se debe partir por comprender de manera sencilla algunos de sus conceptos, una vez identificadas las generalidades se tiene el escenario para establecer dicha relación 'TIC vs responsabilidad social'.
Al hablar de tecnología, el término se refiere a la transformación de recursos naturales en herramientas simples, a través de las cuales los grupos poblacionales desde la prehistoria han logrado controlar el fuego e incrementar sus posibilidades para acceder a fuentes de comida, viajar y controlar su entorno.
"La responsabilidad social es una forma de gestión que tiene y debe guiarse por la toma de decisiones prudentes y justas. De igual manera, es el compromiso de identificar los problemas de interés público como: medio ambiente, pobreza, desigualdad de ingresos, atención de salud, hambre, desnutrición y analfabetismo y, que compete a todo tipo de organizaciones (empresa, estado, universidad), para emprender acciones que generen impactos positivos en la sociedad, con el aporte de soluciones basadas en la transparencia, pluralidad, sustentabilidad y ética, siendo la meta el desarrollo sustentable del ser humano y su entorno".
La relación entre responsabilidad social y tecnología se establece cuando en nombre de la ciencia se han producido transformaciones al entorno con abusos desmedidos hacia los recursos naturales. De esta manera, la falta de ética y responsabilidad en aquellos deterioros ambientales, hace que el reto de este siglo se enfoque en un discurso que promueva ya no la transformación sin medida de los recursos para el desarrollo social, sino un cambio con visión sostenible y ético del medio, considerando las posibilidades de las generaciones futuras.
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